Charriere Henri - Papillon Doc
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BIOGRAFIA:
Henri Charrière
(Ardèche, Francia, 16 de noviembre de 1906 - Madrid, España, 29 de julio de 1973) fue un criminal convicto principalmente conocido por ser el autor de Papillon, memoria de su encarcelación en la colonia penal de la Guayana Francesa.
Reclusión
Charrière era un integrante de los bajos fondos de París, condenado a trabajos forzados a perpetuidad el 26 de octubre de 1931 por el asesinato de un proxeneta, Roland le Petit. Tras una breve estancia como preso en Caen, es trasladado a la colonia penal de la Guayana Francesa, donde verdaderamente da comienzo su extraordinaria historia.
Primera fuga
En 1933, Charrière escapa con éxito de un hospital del interior junto a otros dos presos, Clousiot y Maturette, con quienes navega a lo largo de la costa de Trinidad y Curaçao hasta Riohacha, Colombia, travesía durante la que recibe ayuda, entre otros, de una comunidad de leprosos y de una compasiva familia británica, y a la que se unen otros dos fugitivos a los que posteriormente abandonan en Colombia.
Sin embargo, el mal tiempo les impide dejar la costa colombiana y son capturados y aprisionados, Charrière consigue escapar con la ayuda de otro preso y, tras distanciarse varios días de la prisión, se separan, Charrière llega al poco tiempo a la región de Guajira. Ahí permanece varios meses viviendo en un poblado de nativos buscadores de perlas, donde una joven y su hermana se enamoran de él y se convierten en sus esposas y madres de sus hijos. Allí experimenta la `forma más pura del amor y la belleza`, pero llevado por sus deseos de justicia, abandona el poblado en dirección oeste.
Sin embargo, la fortuna da un nuevo giro y Charrière es capturado y encarcelado en Santa Marta, para ser transferido posteriormente a Barranquilla donde inesperadamente se reencuentra con Clousiot y Maturette. A pesar de numerosos e increíbles intentos de fuga (uno de las cuales tuvo como resultado la rotura de los arcos de sus pies, teniendo los pies planos el resto de su vida), Charrière fue incapaz de librarse de las prisiones y es extraditado de nuevo a la Guayana Francesa en 1934 junto a sus dos camaradas.
La fuga le costó a Charrière dos años en aislamiento, tétricamente apodado por los convictos `Devorador de hombres`, en la isla de Saint-Joseph. Originalmente, el trio fue sentenciado a cinco años, siendo tres de ellos añadidos por cargos de intento de asesinato a los guardias de los que se deshicieron al escapar del hospital, pero fueron capaces de probar que dichas acusaciones eran falsas, lo que acortó su pena a los mencionados dos años. Sus amigos Clousiot y Maturette corrieron la misma suerte, que concluyó con la trágica muerte de Clousiot pocos días despues de cumplir su pena. A su salida, Charrière fue transferido a la isla de Royale, donde otro intento de fuga fue abortado por un informador.
Charrière vuelve a ser condenado a ocho años de aislamiento, una pena a la que es casi imposible sobrevivir, por su intento de fuga y posterior asesinato del infomador.
RESEÑA:
Lecturas nostálgicas
2001: una odisea sentimental
Papillón
Henri Charrière
Título original: Papillon
Trad. Domigo Pruna y Vicente Villacampa
Col. Los Jet de Plaza & Janés nº 243
Plaza & Janés, 2000
Andaba yo por los seis años cuando mi padre decidió que podía prestarme sus libros sin temor a destrozos. Hasta ese momento, mi biblioteca básica se restringía al TBO, Mortadelos variados, y cualquier libro de categoría infantil-juvenil que me cayera como regalo en las fechas oportunas. Por desgracia (o quizá sería más justo decir por suerte. Sólo quizá), la economía familiar no estaba para seguir el ritmo de mis `papá, que me he acabado el tebeo, cómprame otro`. A grandes males, grandes remedios, y el viejo debió de pensar que a mayor número de páginas a mi disposición le incordiaría menos a menudo (se equivocaba, pero esto es otra historia).
En cualquier caso, poco tiempo después de tener carta blanca para leer cualquier cosa impresa que fuese capaz de alcanzar de las estanterías, me llamó la atención un libro cuya portada estaba dominada por el retrato de un señor de aspecto campechano bajo la palabra Papillón. Nada más. Sin tener a mano a nadie a quien preguntar de qué iba la cosa (yo estaba de vacaciones, el resto de la familia trabajando), lo cogí, me puse a hojearlo, y... De lo siguiente que me di cuenta fue de que habían pasado varias horas y me llamaban para cenar. No me había enterado. Yo estaba muy lejos. En las comisarías de la poli francesa. En un juicio. Deportado a la Guayana. Intentando salir de Barranquilla. Contando la secuencia de las olas en la Isla del Diablo para adivinar el momento adecuado para saltar y que la marea me llevase lejos sin destrozarme contra los acantilados. Dando paseos en la celda de castigo (`Un paso, dos, tres, cuatro, cinco, media vuelta. Uno, dos...`).
Sería exagerado decir que entendí perfectamente todo lo que leía, problema que quedó resuelto en posteriores relecturas a lo largo de los años, pero me daba igual. Lo cierto es que fue una lectura con secuelas que llegan hasta hoy. No sólo en cuanto a influencias en el carácter, actitudes, aficiones y actividades, que las hubo, con el paso de los años también tuve mi propia ración de aventuras, con alguna que otra escapada incluida (aunque esto, también, es otra historia). Además, y más importante en cuanto al tema que nos ocupa, influyó en mi punto de vista a la hora de apreciar las lecturas.
Con el tiempo he acabado leyendo de todo y aprendido a disfrutar estilos muy diversos. Y cada vez sé darle más importancia al cómo están contadas las cosas, además de lo que se cuenta en sí. Pero hay algo sin lo que no puedo pasar, y es la sensación de que exista un fondo real en la historia y en los personajes. Da igual que sea ficción pura y me conste que todo es invención: si el autor no es capaz de convencerme de que me habla de alguien de carne y hueso (o metal o pseudópodos, tanto da, pero que parezca real) a quien le ocurren cosas reales, y que reacciona a ellas de forma creíble, es poco probable que disfrute de la lectura por bien escrito que esté el relato. No es de extrañar que de esta forma prefiera con mucho la vuelta al mundo de Manuel Leguineche antes que la de Phileas Fogg, aunque Manu tardase 81 días y perdiese la apuesta...
Por supuesto, no siempre, pero a menudo, es más sencillo hacer que suene convincente algo que ha pasado: basta con contar bien la historia y no hay que molestarse en inventarla. Charrière lo tenía fácil en ese aspecto, el argumento estaba escrito. Pero esto no quita mérito a una obra como Papillón, que resulta un modelo excelente de cómo describir lugares y personajes, narrar aventuras y tener al lector sujeto en un puño. La ventaja en atractivo que podría tener el `esto ocurrió realmente` es algo que se diluye con el tiempo, y la historia de un hombre castigado por un delito que no cometió y sus intentos de evasión del lugar donde está encerrado no era siquiera original cuando Charrière escribió su autobiografía.
Pero lo cuenta tan bien que lo vives como si estuvieras ahí. Y eso es lo importante.
Antonio Rivas
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Formato: NO Idg=59 Género: Narrativa,Histórica Calidad: 0 |
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